lunes, 24 de mayo de 2010

Honor a los bicentenarios...

Lloró la presi, qué emoción!!!!!!!!!!! 200 años, dos siglos, veinte décadas, 73,000 y pico de días de ser nación.
¿Qué puedo comentar yo? Extranjera de mi propia patria, frente a la ilustre Cristinita heroína maquillada de la demagogia nacional.
Pues resulta que yo lloro también, lloro el pertenecer a una generación que no conoce a su país; lloro por no haber regresado y porque son 200 años completamente tácitos en mi idiosincrasia personal.
Mi único reclamo de orgullo nacional tiene melodía y letra:
Oíd, mortales, el grito sagrado:"¡libertad, libertad, libertad!"Oíd el ruido de rotas cadenas,ved en trono a la noble igualdad.
¿Verdaderamente, se rompieron las cadenas? ¿Hay un trono a la noble igualdad?
¿Qué hacemos nosotros? los hijos huérfanos de Argentina.
Quiero celebrar el bicentenario, quiero que se me hinche el pecho de orgullo patrio y solo siento una profunda ausencia. Y el origen de esa ausencia se fundamenta en un recuerdo: un ómnibus, luego un avion, para siempre un dolor.

martes, 18 de mayo de 2010

Cuarto recuerdo, el fundamental

Hay cosas que a mi memoria todavía le duelen. Recuerdo un omnibus, recuerdo llorar sin saber bien por qué, recuerdo abrazar a mi abuelo Sebastían con una sensación terrible de incertidumbre, recuerdo a mis tíos llorando, recuerdo a mi hermanito durmiendo en brazos de mi mamá.
Recuerdo sentir que ocurría algo terrible, recuerdo sentir que algo se desprendía de mi alma para siempre.
Todavía siento la angustía de la carretera que corría bajo las ruedas del omnibus, recuerdo sentir que no había manera de volver, como si el camino desapareciéra detrás del vehículo. Recuerdo sentir, sentir, sentir. A veces creo que nunca lo deje de sentir.
Ahora es un recuerdo oscuro, borroso. Es una memoria llena de tierra y telarañas, y sin embargo, cada vez que la desentierro en mi alma, algo sufre, algo se quiebra. Tal vez no soy yo, tal vez es el recuerdo inexistente de la persona que no soy.