lunes, 12 de mayo de 2014

Solo se escribe escribiendo


Tengo un par de zapatos azules que no usaré nunca más.
Tengo una cartera de marca que me da vergüenza estrenar.
En alguna caja olvidada, hay collares y pulseras y anillos
muy bonitos que alguien me quiso regalar.
Y yo guardo todos esos tesoros en un armario de cosas que no son parte de mí.
Porque pertenecen a alguien más, a una chica que podría ser yo,
Pero que nunca lo ha sido.
Me lavo la cara con jabón y veo las manchas del tiempo que solo podría tener yo.
Mis tesoros son otros, que no caben en una caja ni ostentan una marca.
Mis tesoros son palabras que me gusta pronunciar,
Palabras como “idiosincrasia” y “paraguas” y “amedrentar”.
Tengo libros manchados que no regalaría jamás,
Tengo versos escondidos de los que cualquier poeta profesional se reiría.
Tengo una fe terca, que por más que intento echarla, siempre me espera en la puerta a la salida de mi casa.
Sé muchas cosas sobre el mundo, sobre la gente y sobre la soledad,
y siento que sé tan poco.
Sé que hay alguien en el planeta que alguna vez me quiso aunque ya no lo recuerde.
Sé que el domingo es el día más triste, y que se celebran los viernes.
Aprendí que quejarse es solidario y ser optimista una pérdida de tiempo,
Aprendí que el que sabe, calla y se apropia de la verdad.
Sé que los jóvenes son jóvenes hasta el día que empiezan a jugar en el sistema, y sé que el sistema es una máquina que te adormece las ideas.
Sé que querer es peligroso, porque alborota las mareas y sé que he vivido mucho tiempo observando la vida desde mi puerta.
Sé que no sé qué es la poesía,
Sé que no sé cómo y a dónde llega,
Siento sus hilos invisibles, que tejen en las esquinas oscuras de esta mente que la niega.
Sé que la poesía es una palabra gastada,
una palabra manoseada y ligera.
Sé que la poesía se presta, si uno se presta a ella,
Presiento que se esconde en lugares
a donde mis miedos son bienvenidos.
Sé que hay ideas que me alborotan las esperanzas y miedos que le ganan a las ganas,
hay una parte de mí que espera tener una epifanía luminosa y creativa, 
y hay una parte de mí que sabe que sólo existe el trabajo y que se escribe escribiendo.