sábado, 17 de enero de 2015

Insomnio

En la pagina 373 de la antología Latitud 18.5 publicada por País Invisible Editores se encuentra mi cuento "Cosmópolis".

"Cosmópolis" es el resultado de la investigación que hice acerca  de la historia del "Petiso Orejudo" el primer asesino en serie conocido en mi país, Argentina. Luego de haber terminado de escribir "Cosmópolis", me encontré cargando con muchas relacionadas a la historia en la cabeza.

"Insomnio" es el descargue.



Insomnio

3 de enero

         Escribo por desesperación, buscando trazos de mí misma sobre el papel.  Necesito saber que no se me escapa la razón  por alguna grieta de la mente. Traté de explicarle a Margarita lo que me estaba pasando, cree que exagero. No me atreví a decirle que llevo semanas teniendo pesadillas. Me abruma el ruido en las noches cuando trato de dormir, pero también me desespera el silencio  ya en la madrugada cuando  el sueño se da por vencido.
 Desde que me mudé aquí, tengo miedo de  la gente, me aterra todo lo que pasa en las calles de esta ciudad… 
Llevo ya seis días sin salir del departamento… Sigo con la investigación  aunque ya no me corresponda, hay  una de las historias que me persigue en esas pesadillas
  Se me acabaron los cigarrillos pero no quiero salir de noche, durante el día a veces logro dormir… extraño a mamá… sus manos acariciando mi frente para que pudiera dormir esas noches que la locura se me quería meter por los ojos que no se cerraban nunca…
Diario La Nación                                                                                                                   
Columna Mensual
Domingo  8 de enero de 2006
Arquitectura
Historias Ocultas de la Ciudad
Por Margarita Rotman
Profesora de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires

       Acercándonos ya al bicentenario del país, el caminar por las calles de nuestra ciudad, me hace pensar en la celebración del primer centenario de la nación. Fue un impulso vital a la infraestructura de la Argentina que se convirtió en un bullicio patriótico acompañado de un crecimiento poblacional vertiginoso. Por esa misma población que se multiplicaba gracias a nuestros bisabuelos y tatarabuelos llegados de Europa, la ciudad comenzó a crecer y a desarrollarse dentro de un concepto urbano  novedoso y avanzado. Y en los cimientos de todo ese desarrollo quedaron enterradas historias macabras de nuestra nación.
        Una, que resulta verdaderamente escalofriante, se encuentra todavía  enterrada debajo de alguna casa de Buenos Aires.
        El Petiso Orejudo fue probablemente el primer asesino en serie de nuestro país.  Al momento de ser arrestado en 1913, había matado a cinco niños según su confesión. El primer cadáver, puede estar aún enterrado debajo de la casa de una ilustre familia de nuestra ciudad.
        Según él contó a la policía de la época, en 1906 tomó  a una niña de aproximadamente 2 años y la llevó hasta un baldío sobre la calle Río de Janeiro donde intentó  estrangular a la pequeña. Después de haberla golpeado, decidió  enterrarla viva en una zanja que cubrió con latas.  
          Las autoridades, al conocer este crimen, se trasladaron  hasta el lugar pero se encontraron con que se había edificado una casa de dos pisos. Los archivos policiales registran una denuncia por desaparición con fecha 29 de marzo de 1906, de una niña de tres años de nombre María Roca Face, tomada en la comisaría 10ª. La niña desaparecida nunca fue encontrada…

***

10/enero
         Escribo para demostrarme a mí misma que no  he perdido conciencia de la realidad.  Tengo montañas de papeles de historias que me  persiguen por las noches. No puedo dormir sin saber que es de  día. La noche me mortifica, estoy viendo algo que no puede ser real, no debería ser real. Ella apareció hace dos noches mientras yo estaba sentada sobre la cama, encorvada  frente a la computadora  como siempre. Antes de verla escuché su vocecita, “¿Quién sos?”.  No necesité mirarla para saber que era ella, la nena desaparecida.
         Necesito  el papel, necesito escribir  sobre hojas que puedo tocar. No confío en la computadora, me traiciona, me observa,  de allí salió ella. Lleva cien años muerta, enterrada debajo de una de las casas que estoy estudiando. No sé cuándo comencé a enfrascarme en su historia. Yo sólo quería investigar la arquitectura de Buenos Aires,  para eso vine a esta ciudad.  Tengo miedo, no sé si lo que veo es real.  Hace  tiempo que tengo miedo, por eso  tengo la s puertas y las ventanas cerradas. Duermo un poco de día. Me pasé las últimas dos noches oyéndola a ella. Me pregunta dónde está, quién es, quien soy… Me grita desde la historia  de su muerte… cuando cierro los ojos, la veo morir, adormecida de dolor, entre las latas… ¿Cuánto tiempo habrá estado allí?... enterrada viva…
***
A:
luciagarza@gmail.com
De:
Asunto:
Te pido que reconsideres
 Miércoles, 11 de enero de 2006
Estimada Lucía,

   Quiero pedirte que reconsideres tu decisión. Has sido la mejor ayudante de investigación que he tenido durante mis años en la Facultad de la UBA.  Sé que extrañas mucho tu provincia  y a tu mamá, pero tu colaboración en la investigación ha sido decisiva para el proyecto.
    Me parece que fue mala idea que hicieras las redacciones desde tu departamento, has estado muy encerrada estos meses. Te necesito en la oficina. Has logrado una conexión personal con estas historias que puede darle una dimensión más humana al libro.  Las columnas en el diario han despertado interés por el tema, vos sabés las posibilidades que esta publicación nos puede dar.
    Quisiera hablar con vos en persona, traté de comunicarme a tu casa pero siempre aparece ocupado, creo que debes tener un problema en la línea. Yo me voy a Mar del Plata con mi marido  en dos días y volvemos a mitad de febrero, cuando retomaremos la investigación, espero que para entonces hayas reconsiderado tu renuncia.

Saludos,

Margarita



Creo que sigue siendo enero
         La he interrogado hasta el cansancio. No sabe su nombre.  No sabe en que año nació, no me dice nada sobre sí misma. No recuerda  al petiso. Necesito saber si es ella, si es la niña que está enterrada debajo de la casa.  A veces, cuando logro dormir, sueño con la vida que ella hubiera tenido. Me la imagino joven, adulta, anciana. Sólo hay de ella un dibujo que hizo su madre.  A veces también la veo golpeada, llorando debajo de las latas, gimiendo sin poder entender lo que ocurre, entonces despierto y está aquí en el departamento, mirándome sin saber que yo acabo de ver su muerte en mis sueños.
         Ella también me interroga a mí, me pregunta  quién soy, me sigue por el departamento, me pregunta si la conozco, porqué la busqué, porqué paseo por todo el departamento durante la noche, por qué duermo de día…
         Las sombras del departamento se me comienzan a parecer a las manchas de tinta que me enseñaba aquel terapeuta al que iba cuando llegué a la ciudad.  La tinta sobre el papel… es la única conexión que me queda con la realidad… tengo el teléfono descolgado todo el día… no quiero hablar con nadie… sólo con ella… ella sabe lo que es la soledad, ella sabe lo que es sentirse hundida debajo de la tierra y que nadie te escuche, así murió… creo que es ella… no sé…
***
         Cuando me acuesto y cierro los ojos siento cosas moviéndose  junto a la cama, ella deambula por el departamento cuando no la veo, lo sé. A veces decide no contestarme y el sonido de mi propia  voz me irrita, me desespera. Necesito saber que es ella, que es la  que está enterrada debajo de la casa… quiero ver sus huesos, asegurarme de que es real…
         Necesito dormir.
         Ayer sentí como si tocaran a la puerta, pero  la nena me llamó y me escondí con ella debajo de la cama hasta que se fueron…
         Quiero desenterrar sus huesos con mis propias manos si es necesario. Me la imagino, respirando con dificultad, debajo de las latas. Necesito saber si es ella … Ayer me  preguntó de nuevo por qué no duermo, paso horas acostada en la cama sin lograr dormir. Cuando por fin lo consigo, tengo una pesadilla nueva, sueño que estoy despierta  en el departamento  sin poder dormir y que la nena me mira. Entonces despierto asustada y la nena está allí mirándome.
***
         Ya no  sé si el papel en el que escribo es real.  Salgo de una pesadilla para entrar a otra… La nena abrió la puerta del departamento  y  se fue corriendo por las escaleras, no podía dejarla ir sola. La calle estaba vacía. No era de día ni de noche, el cielo era morado, corrí detrás de ella hasta que llegamos a la calle que conozco bien, Río de Janeiro,  he estado allí varias veces, investigando.  La casa no estaba, había un baldío  húmedo  en su lugar. La  nena  se paró junto a la zanja, la misma que imaginé la primera vez que leí la historia.  Comencé  a sacar las latas con las manos, me cortaban  y estaban llenas de tierra.  Cuando ya había llegado cerca del fondo  escuche la risa, era él, estaba cerca. El sonido de las carcajadas sádicas retumbaba en las paredes de los edificios alrededor.  Entonces  desperté, pero me encontraba dentro de la zanja  debajo de las latas y podía ver pequeñas luces  moradas que reflejaban las latas, seguía escuchando la risa  pero esta vez venía de cada una de las latas… la locura  se me quería meter por los oídos con el sonido de cada  carcajada. Cuando él se hacía más fuerte, más próximo, desperté.
         Estaba en  el departamento, acostada y la nena me miraba. Por primera vez me habló de él, ¿Lo viste? ¿Sabés  quién es? No me quiere dejar salir, me tiene encerrada, ¿Quién sos?  Entonces salió corriendo de nuevo hacía la calle y comencé a perseguirla  otra vez  pero cuando salí a la calle el cielo era rojo y no podía ver a la nena. La calle era un río negro y los edificios estaban todos cubiertos de mugre. 
         Cuando volví a despertar, la nena estaba durmiendo junto a mí en la cama. Por primera vez tranquila. Entonces entendí que él la tenía prisionera  a su lado en el infierno. Ya sé lo que voy a hacer, tengo que bajar a buscarla.
            

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